Avanzo y escribo, decido el camino...

Y ahora que no hay un alguien, que hay un manto grueso de soledad, me queda afrontar cualquier cosa que exista en mí. No sé qué sea pues siempre le huí, pero acá estoy, dispuesto y con las expectativas por los tobillos. Soy ese tipo de personas que siempre esquivó de alguna manera la llamada soledad; digamos que no nos llevamos bien, ni ahora ni nunca.

Y ahora que está mi soledad conmigo, el pasado no se queda tranquilo. Aquellos días se revuelven con nombres, momentos, canciones, sentimientos… Es como si algo me obligara a revivir lo que no superé pero sí oculté. Hice mal, pues no seguí las instrucciones del doctor, tan sólo me adelanté diez pasos más.

Y ahora que escribo sin un sentido específico, todo lo encuentro muy difuso, confuso, estúpido… ¿será que he perdido el placer de esperar el mañana?... Tal vez, pero mientras no estoy dispuesto a quedarme al lado del camino, a esperar una expectativa del universo o “del amor de mi vida”, no quiero sentarme y creer que volverás a aparecer, porque sé que no será así. No puedo.

Quiero un ritmo diferente, un paso más acelerado, otro aire, otro paisaje, pero más que nada, te quiero a ti, extraña a quien no conozco, aparece de una vez…