Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines: Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
...
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
-Jorge Luis Borges-

Por mucha experiencia que haya, o se esté seguro de poseer alguna formulita mágica con la cual quizás, no sufrirás..., igual duelen los finales a como de lugar. Es ese ladito del amor que simplemente no se puede controlar, es esa sensación que inevitablemente logra desarmarte por completo. Tal vez son cosas por las que uno tiene que pasar, no sé muy bien por qué, quizás por experiencia o, torpeza de no aprender de una buena vez.
A la final, la ilusión duele de igual manera, no hay remedio y al parecer, aquella formulita realmente no sirve. Es necesario ser fuerte, seguir luchando porque "queda mucho por sentir", ni modo, aunque duela como dos, hay que continuar el camino. Creo que mucho me detuve por una persona, bueno..., ni eso, me quedé varado por lo que sentí alguna vez. Hoy intento sacar valor pa' no hundirme en depresión, porque no me lo puedo permitir nuevamente, ni eso, ni caer otra vez en vagos sueños, o en deseos inútiles como querer regresar al pasado, siempre tiendo a eso, terminó siendo aquello como una droga que me hace sentir “seguro”, no importa si es dentro de la tristeza…, a la final, jamás podré tener de nuevo esa dosis en mis venas.
Quizás en algún momento pueda estar "satisfecho" en materia amorosa, quizás alguien me encuentre nuevamente, quizás mi destino en realidad, sea estar solo, qué sé yo..., tengo esperanza, pobres esperanzas, pero las tengo. Ni modo, caerse de la nube siempre dolerá, no hay de otra, hay que aprender a curarnos rápido; y mientras eso sucede, deberé hacer las pases conmigo mismo, intentaré exprimir la tristeza que queda, pero eso sí: no caeré en la tela de araña por segunda vez. No sé si es lo correcto, pero cuesta mucho salirse de ese enredo.
Debo acostumbrarme a la idea, que todo tiene un final. No sé si lamentarme de haber amado nuevamente, o alegrarme por haberla encontrado.